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Si por héroes, consideramos a las personas admiradas por sus hazañas y virtudes; de éstas yo separo y no las considero, a los que por un acto aislado o puntual tuvieron o tienen una acción notoria, ya que en muchos casos, son más bien, el producto de unos reflejos, innatos en el ser humano. A los verdaderos héroes, los paren los pueblos, y tan solo son estos héroes, la punta del iceberg del origen y desarrollo del medio social, propiciado por ese motor: llamado Trabajo, popularmente conocido como Pueblo. Y su forma de héroe surge, según la requiera esa muestra.

Cuando una sociedad está al final del desarrollo de su mocedad y plena de fuerzas, formada como todas a través de sus luchas de clases, pero que se encuentra a su vez en una dualidad de poder, surge, tarde o temprano un árbitro, porque lo requieren las partes para no destruirse; aunque con dicho árbitro, como es de suponer, el juego continúe. Tenemos el ejemplo de Roma, con Cesar y Augusto, antes existieron las luchas a muerte de Mario y Sila, que a su vez venían de otras sociales. Estos dos personajes, como producto de dos fracciones y aquellos como árbitros. Otro ejemplo lo tenemos, con el de una sociedad recién nacida, pero de nacimiento vigoroso. La revolución francesa, fue atacada e invadido su habita, por fuerzas reaccionarias, que no querían al nuevo nacimiento. Y la criatura recién nacida: el pueblo revolucionario, crea lavas, que serían milicias, que a su vez serían quintas, y que se quedarían estabilizadas como servicio militar, para parar la agresión y con ello su destrucción. Y tenemos como ese pueblo revolucionario, elige a sus representantes para que dirija su defensa y de cómo ese mismo pueblo los sustituye o elimina si no dan los resultados apetecidos y siguen en su busca hasta que lo encuentran, para que ese nuevo cuerpo social pueda crecer. Así podíamos señalar, miles y miles de ejemplos en la historia, porque la historia del Hombre es muy larga. Pero añado, que al igual que una sociedad, recién nacida y vigorosa como joven y fuerte, crea sus héroes; una sociedad agotada y moribunda, no tiene fuerzas para producirlos. Produciendo solo lo que un cuerpo enfermo puede causar. Así tenemos lo que produce la sociedad romana en su final, dirigentes débiles que no podían con las emigraciones de los bárbaros; O con la sociedad actual, la que nos ha tocado vivir en su ciclo Terminal, que origina lo que vemos: enfermos psicológicos; sírvanos un mínimo de ejemplos, pero elocuentes, el estado de Israel, Buhs, etc. etc. Por tanto, el verdadero héroe, es el motor del colectivo social; no su punta de iceberg: que generalmente, terminan incluso traicionando su origen, y por su cambio, la heroicidad perdiéndola. Este motor del colectivo social es el Trabajo, la base donde descansa la sociedad, donde esta se renueva constantemente al ir transformando con sus luchas la herramienta del trabajo. Luchas las más de las veces, sorda; pero que hacen los cambios sociales: cuantitativos y cualitativos. Dando con ello cada vez, un desarrollo más humano, que es como se puede apreciar, la razón de cargo que conlleva al héroe. Porque otras razones, llevan al tirano.

Francisco Fenoy.

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