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Tomado de jornada

Luis Hernández Navarro

La indígena Teresa Castellanos ha dedicado los últimos seis años de su vida a defender la tierra de su pueblo. Es vocera de la Asamblea Permanente de los Pueblos de Morelos (APPM). Coordina el comité Huexca en resistencia que defiende a los afectados por el Proyecto Integral Morelos (PIM) y la planta termoeléctrica.

En reconocimiento a su labor le fue otorgado este año el premio de derechos humanos Sergio Méndez Arceo. En 2018, junto a Aurora Valdepeña, obtuvo el galardón a la Creatividad 2018 de la Mujer de la Fundación de la Cumbre Mundial de la Mujeres. En 2015 fue finalista del Premio Internacional de Derechos Humanos Front Line Defenders. Debido a la persecución en su contra, ella y sus dos hijas tuvieron que incorporarse al Mecanismo de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos.

Su lucha abreva en la tradición zapatista y el movimiento jaramillista, profundamente arraigados en el imaginario popular de esa región. De un Emiliano Zapata que poco tiene que ver con las ceremonias oficiales en su honor o del relato de historiadores académicos. Se trata de un zapatismo que ha resistido tanto a la instrumentación del agrarismo de las centrales campesinas, como a los intentos de los distintos gobiernos de presentarse como su encarnación.

Teresa es expresión de ese zapatismo de carne y hueso, alejado del de cartón piedra de los billetes de la Lotería Nacional. Entrevistada por la periodista Daliri Oropeza, explicó las raíces y razones de su lucha. «Es el ideal que trae una. El haber nacido en tierra zapatista es un orgullo. Pero no sólo por hacer o tener sangre zapatista, sino tener el ideal. Reconocer que hubo muchas personas que lucharon por el bien de los pueblos, como el general Zapata; por tierra, agua, montes, por la libertad. A 100 años de su asesinato, su ideal sigue acá. Seguimos resistiendo. Se ha resistido todos estos 100 años», dijo. Y añadió: «He admirado muchísimo al general Emiliano Zapata. Toda mi vida desde que iba a la secundaria, yo me acordaba y miraba revistas del general Emiliano Zapata» (https://bit.ly/2IfIRAU).

Fue ese legado el que le hizo decir a Teresa en el acto de Chinameca, del pasado 10 de abril, en que cientos de campesinos e indígenas conmemoraron al margen del gobierno federal el 100 aniversario luctuoso del asesinato de Emiliano Zapata: «Estamos contra AMLO porque él está en contra de nosotros. Queríamos hablar con él. No quiso».

La dureza de sus palabras (compartidas por los asistentes al evento) tiene una historia tras de sí. En mayo de 2014, en Yecapixtla, Morelos, López Obrador señaló en un mitin: «No queremos la construcción del gasoducto o de la termoeléctrica o de las minas, ya que van a destruir el territorio y contaminar las aguas». Y añadió: «México no es territorio de conquista, ni es para que vengan los extranjeros a expropiarse de todo. Imagínense que quieren construir una termoeléctrica, en Anenecuilco, la tierra donde nació el mejor dirigente social que ha habido en la historia de México, Emiliano Zapata. Es como si fueran a Jerusalén y construyeran un basurero tóxico o una planta nuclear».

Sin embargo, las palabras de López Obrador se esfumaron cuando llegó a Palacio Nacional. El 10 de febrero en Cuautla, el Presidente se desdijo de su palabra. Los opositores al PIM le respondieron gritando: “¡Agua sí, termo no!” López Obrador les reviró: «Escuchen, radicales de izquierda, para mí no son más que conservadores», y anunció la realización de una consulta, impugnada por los pueblos.

Diez días después, el activista Samir Flores, figura clave en la lucha contra la termoeléctrica y en la organización de los pueblos de Morelos, fue arteramente asesinado a balazos a las puertas de su casa. El mandatario, en lugar de suspender la consulta, siguió adelante con ella.

“El asesinato del general fue muy doloroso para todos, como lo que está pasando ahora con el compañero Samir Flores –dijo Teresa a Daliri Oropeza–; no sé si sea casualidad, pero a 100 años del asesinato del general Emiliano Zapata asesinan un compañero con el mismo ideal. Aunque no lleve la sangre del general, ni fuera familiar del general, él llevaba ese mismo ideal y pensaba igual y hablaba igual, y luchaba por la libertad de los pueblos, y por que esto cambiara.”

El 11 de febrero, un día después de acusarlos de conservadores, la APPM le dirigió una carta al Presidente en la que le dijo: «Usted nos ofendió con todo, dedicó gran parte de su discurso de democracia a ponernos calificativos sin conocernos o ya no conociéndonos, no sabemos». Y advirtió: «si no cancelan la termoeléctrica en Morelos, no habrá homenaje a Zapata legítimo por parte del gobierno».

De Zapata a Zapata. Casi dos meses después de la misiva, las crónicas periodísticas daban cuenta de que, en Chinameca, mientras cientos de campesinos recordaban al generalísimo protestando contra el PIM, el templete oficial del acto por los 100 años de su crimen estaba vacío. Andrés Manuel López Obrador tuvo que realizar su evento en Cuernavaca, a 86 kilómetros de distancia de donde fue asesinado el Caudillo del Sur.

Twitter: lhan55

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