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Tomado de jornada

Antonio Gershenson

El presidente Nicolás Maduro Moros ha resistido, como resistió Vietnam. La ejecución de las sanciones económicas por parte de Estados Unidos no han tenido el efecto que Donald Trump esperaba.

Los castigos que el gobierno estadunidense ha aplicado al régimen venezolano son motivo de discusión y polémica. En cuanto a los que apoyan al gobierno bolivariano, no dudan en señalar a las sanciones como las responsables de la crisis económica por la que atraviesa el país sudamericano.

Barack Obama, siendo presidente en 2015, da la orden de ejecutar las primeras sanciones contra Venezuela. Pero no sólo eso, además la declaró «amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y para la política exterior de Estados Unidos». Motivo por el cual congeló diversos bienes y cuentas bancarias de siete oficiales y altos funcionarios del gobierno bolivariano.

Quien ejecutó las órdenes de Obama fue el senador demócrata Robert Menéndez. El funcionario prohibió la entrada a territorio estadunidense a los representantes del gobierno venezolano y a sus familiares y, además, prohibió hacer negocios con empresarios del país del Tío Sam.

El presidente Nicolás Maduro solicitó al gobierno de Obama un arreglo pacífico, sin embargo, éste no lo aceptó. Y a partir de febrero de 2016, las sanciones se aplicaron. El argumento del mandatario estadunidense se basó en la supuesta violación a los derechos humanos en el país caribeño y el recrudecimiento de la falta de libertades.

Al llegar a la presidencia Trump, la situación de represión económica hacia Venezuela, continuó y se recrudeció, ya que el nuevo gobierno republicano manifiesta abiertamente, la posibilidad de llevar al plano militar el desacuerdo con el presidente Nicolás Maduro.

Como podemos observar, ni demócratas ni republicanos respetaron la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela. Las sanciones económicas aumentaron y generaron un ambiente de guerra fría. Un año más tarde, en 2017, Maduro sufre personalmente las consecuencias de las sanciones anteriores. Le es prohibida cualquier negociación con estadunidenses y son congelados todos sus bienes en tierras estadunidenses.

Todas las agresiones descritas hacia el país bolivariano parecerían no tener una salida pacífica. Sin embargo, podemos decir que está en puerta una nueva etapa en la vida política de la sociedad de Estados Unidos.

Una larga historia de lucha, no sólo democrática, sino además socialista, se ha escrito por parte del senador Bernie Sanders. Varias veces ha sido elegido como alcalde de Burlington, en el estado de Vermont. Y varias veces ha sido elegido senador.

No obstante haber contendido sin éxito en otras ocasiones para la presidencia de su país, ahora Sanders cuenta con un gran número de seguidores jóvenes.

En meses recientes y después de trabajo intenso de intercambios políticos, Bernie Sanders forma una coalición con el político griego Yanis Varoufakis llamada Internacional Progresista. «La coalición busca hacerle frente al avance de la extrema derecha y el neoconservadurismo» casualmente, características del presente gobierno republicano con Trump al frente.

Asimismo, la Internacional Progresista está en contra de la política que «fomenta la intolerancia, la discriminación y el odio, y exacerba la explotación de los más pobres y la destrucción de los recursos para favorecer a los más ricos».

Lo anterior es una característica de la política dura de Trump, que favorece la represión económica en contra de Venezuela, al oponerse, por ejemplo, a que la empresa Citgo, filial petrolera venezolana, PDVSA en Estados Unidos, envíe los dividendos que le corresponden al gobierno de Maduro.

En las Naciones Unidas, en cambio, se ha rechazado la posición de Estados Unidos, al mismo tiempo que Rusia y China la han excluido también, invalidándola.

Esperemos que, con Bernie Sanders, cambie drásticamente la política externa de su país. Eso implicaría un incentivo único no sólo para Estados Unidos, sino para el mundo.

antonio.gershenson@gmail.com

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