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Tomado de jornada

Juan Carlos Ruiz Guadalajara*

Todo indica que el presidente López Obrador (AMLO) es gran conocedor de Maquiavelo, pues lo cita reiteradamente. Hace unos días, por ejemplo, en una de sus conferencias de prensa afirmó: «Decía Maquiavelo que se necesitaba virtud y fortuna para la política». El problema es que el pensador italiano también señaló en El príncipe (1513), en el capítulo donde habla sobre el modo en que el gobernante debe guardar sus promesas, lo siguiente: «La experiencia de nuestros tiempos prueba que príncipes a quienes se ha visto hacer grandes cosas tuvieron poco en cuenta la fe jurada, procurando atentamente engañar a los hombres y consiguiendo al fin dominar a los que en su lealtad fiaban». Y eso es precisamente lo que AMLO hace en sus intentos por aplastar la lucha organizada y llena de verdad que mantiene desde 2011 el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala (FPDTA) en contra del Proyecto Integral Morelos (PIM).

Los seguidores de AMLO, por su parte, no han dimensionado la gravedad de lo sucedido el pasado 10 de febrero en Cuautla, cuando el presidente rompió una de sus más significativas promesas de campaña: defender «con todo» a los pueblos campesinos de esa región de los megaproyectos de muerte. A AMLO ni siquiera le importó que su compromiso constara grabado en las redes, cuando en mayo de 2014 dijo en Yecapixtla, con gran determinación y frente a los opositores al PIM: «No queremos ese gasoducto, no queremos esa termoeléctrica y no queremos tampoco las minas que van nada más a destruir el territorio y van a contaminar las aguas… México no es territorio de conquista, no es para que los extranjeros vengan aquí a apropiarse de todo». Incluso equiparó la termoeléctrica de Huexca con la profanación de un espacio históricamente sacro, como un agravio inaceptable a la tierra que vio nacer al general Emiliano Zapata: «Es como ir a Jerusalén y querer construir ahí, ¡qué sé yo!, un basurero».

Lo más lamentable de lo sucedido en Cuautla fue la manera en que AMLO, montado en cólera, denostó a los integrantes del FPDTA que se manifestaban para exigir congruencia al Presidente. Los remanentes de esa inaceptable actitud por parte del jefe del Estado mexicano hacia quienes lo apoyaron en su difícil camino al poder se han hecho ahora sentir con el asesinato de Samir Flores Soberanes, uno de los campesinos activistas de Amilcingo más comprometidos en la defensa del territorio frente al PIM. Las descalificaciones que AMLO lanzó desde el templete aquel domingo 10 de febrero a los opositores a la termoeléctrica de Huexca fueron una expresión de intolerancia que, en los hechos, dejó completamente vulnerables a los ya de por sí perseguidos miembros de la resistencia campesina. Igual de reprobable fue la transmisión televisiva realizada por el canal del gobierno de México, la cual pretendió invisibilizar las expresiones de los opositores al PIM.

Maquiavelo también afirmó que «jamás faltarán a un príncipe argumentos para disculpar el incumplimiento de sus promesas», máxima que por desgracia se verifica en AMLO cuando se intenta justificar bajo el argumento de que el ejercicio del poder consiste en optar entre inconvenientes. En el caso de Huexca y el PIM, la lógica de AMLO no es la cancelación de un proyecto que desde su inicio ha transitado los caminos de la ilegalidad, la imposición, la violencia, la fractura social, la cancelación del futuro de las comunidades campesinas afectadas y ahora el asesinato de opositores. Por el contrario, el Presidente considera como lo menos inconveniente traicionar su palabra y no reconocerlo. De ahí el uso que hace de su bono democrático y su poder mediático para trasladar a una simulación de consulta pública lo que ya está decidido con los poderes fácticos, representantes de lo menos inconveniente. ¿Dónde quedó aquello de que «no somos iguales»?, ¿cuándo se esfumó el sentido de que «al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie»?

López Obrador se obstina en el error al no atender las razones y triunfos jurídicos de quienes por la vía del derecho, la razón y la no violencia activa han defendido su territorio de la degradación social y ambiental que traerá el PIM. Tan es así que mientras el Presidente hacía público su pésame por el asesinato de Samir Flores confirmaba también la realización de la ilegal simulación de consulta pública. Y de nuevo se me aparece Maquiavelo cuando recomienda al príncipe cuidar que todas sus palabras parezcan piadosas, leales, íntegras, compasivas y religiosas, pues con ello «todos verán lo que aparentas, pocos sabrán lo que eres, y estos pocos no se atreverán a ponerse en contra de la inmensa mayoría, que tiene de su parte la fuerza oficial del Estado». Lo alentador es que los miembros del FPDTA no creen en Maquiavelo ni en su famosa máxima de que el fin justifica los medios; muy al contrario, saben que los medios y los fines deben ser los mismos, y que debe haber congruencia entre las palabras y los hechos, por ello están determinados a dar la vida por su tierra y su libertad, como lo hiciera Emiliano Zapata.

*Investigador de El Colegio de San Luis.

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