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Tomado de jornada

Luis Hernández Navarro

Si en algún clan familiar se ejemplifica la simbiosis del poder privado y el público, es en el Robinson Bours Castelo. Dueños y señores de la tierra y el agua en los valles del Yaqui y del Mayo, Sonora, han utilizado sin miramientos el poder político para acrecentar su fortuna y el dinero para controlar el gobierno.

Amparado por diversos gobiernos, destacadamente por el que encabezó en su estado natal Eduardo R, Bours, utilizando sin recato alguno el tráfico de influencias, echando mano de prácticas comerciales inescrupulosas, la riqueza de la dinastía Bours ha crecido sin contrapeso alguno.

Son, con Bachoco, que controla alrededor de 25 por ciento del mercado avícola nacional –y una parte relevante del porcícola–, el principal monopolio de este ramo productivo del país. Ganaron importante terreno en el campo de las telecomunicaciones por conducto de Megacable. Por medio de Tepeyac ocupan un papel relevante en la producción de fertilizantes (que brinda también servicios financieros). Tienen importantes intereses turísticos en Bahía de Kino, Guaymas y Puerto Peñasco. Sus proyectos inmobiliarios no se detienen. Son dueños de Ocean Garden, Larvas Génesis y Alma.

En la lista de los hombres más ricos de México, la revista Forbes le asigna al clan Robinson Bours el lugar número 11, con una fortuna de 4 mil 100 millones de dólares. El crecimiento de su riqueza ha sido acelerado. Un año antes era de 3 mil 150 millones de dólares. Apenas en 2011 ocupaban el sitio 20.

Los Robinson Bours son una familia centenaria del sur de Sonora que acumuló originalmente su riqueza concentrando tierras y agua de los valles del Yaqui y del Mayo. Al bucear en los padrones de distribución del líquido de las presas El Molinito y Abelardo R. Rodríguez, que irrigan la región, se encuentran abundantes referencias a los apellidos Robinson Bours. El clan ha pulverizado sus propiedades en múltiples fincas, para sortear la prohibición legal que fija como límite de la pequeña propiedad agraria de riego las 100 ­hectáreas.

La dinastía inicia a principios del siglo XX con la llegada a Sonora del holandés Henry Robinson Bours, al que se le atravesó la Revolución Mexicana. En la década de los 50, comenzaron a levantar su emporio agropecuario. Su nieto Enrique arrancó con el negocio de los pollos, que pasó de simples granjas a verdaderas fábricas avícolas, al tiempo que Alfonso, hermano de éste, de dedicaba a producir fertilizantes.

El círculo virtuoso entre negocios y política que caracteriza a esta dinastía sonorense tiene en Eduardo R. Bours una figura emblemática. Dirigió Bachoco entre 1986 a 1992, presidió el Consejo Nacional Agropecuario, estuvo al frente de multitud de organismos empresariales (el Consejo Coordinador Empresarial incluido).

Durante un año participó, como integrante del «cuarto de junto», en las negociaciones del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. El tiempo que invirtió no fue en vano. Entabló una provechosa y estrecha amistad con Luis Téllez y Herminio Blanco. El pollo fue uno de los productos que tuvo mayor protección del lado mexicano, con plazos más largos de desgravación.

Su carrera política ha sido exitosa, al punto que acarició la posibilidad de ser Presidente de la República. Fue senador entre 2000-2002, y gobernador en el periodo de 2003-2009. Su gestión fue gris y de negocios particulares, y estuvo marcada por el incendio de la guardería ABC. Según un destacado dirigente rural del sur de Sonora, «benefició a los grandes agricultores, pero nunca fue favorable a la población más necesitada. Nunca tuvo relación con los campesinos. En cambio, los negocios del clan crecieron y se diversificaron y su riqueza floreció».

Durante su mandato, el cártel de los Beltrán Leyva sentó sus reales en Sonora. En 2007, la PGR descubrió que su jefe de escoltas, Lázaro González Cruz, tenía ligas con El Mochomo y sus hermanos. Según Proceso, decenas de tractocamiones de Bachoco «han sido asegurados con cuantiosos cargamentos de droga (mariguana, cocaína y pastillas sicotrópicas) ocultos entre los pollos congelados y los huevos que se envían a varios estados del país» (https://bit.ly/2N0Rf6O). Las avionetas subían y bajaban en la entidad sin problema.

Finalizada la gubernatura de Eduardo R. Bours, los negocios del clan siguieron imparables su marcha, de la mano de convenientes relaciones políticas, en medio de no pocos escándalos. Hoy, a pesar de su expansiva bonanza, el emporio está nuevamente en el centro de la tormenta. Ha sido señalado de posible evasión fiscal por 30 mil millones de pesos en la venta de Megacable a Grupo Televisa (https://bit.ly/2z3G46X). Y, también, de probables prácticas monopólicas por parte de Industrias Bachoco (https://bit.ly/2SdSWDj).

Si, como se ha dicho, la Cuarta Transformación se propone realmente desmontar el poder de la oligarquía y establecer el de la República, es hora de examinar con lupa cómo se forjó y cómo opera la dinastía de los Robinson Bours. Por supuesto, no es la única, pero es un buen ejemplo del control del poder público por los intereses privados.

Twitter: @lhan55

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