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Tomado de jornada

Javier Flores

La imagen que nos deja el inicio de 2019 es compleja y poco alentadora para el futuro inmediato de la ciencia de nuestro país. Las fiestas de fin de año han sido un buen espacio para reflexionar sobre las causas por las que la ciencia no logra conectarse con los propósitos de los gobernantes, quienes optan, a fin de cuentas, por hacerla a un lado. Pero antes de intentar indagar algo acerca de estas causas, veamos algunos hechos recientes:

Se entregó un proyecto de presupuesto con nuevos y severos recortes que son la continuación de la tendencia a la baja expresada desde la segunda mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto. Peor aún, la promesa de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) hecha públicamente de mantener el mismo presupuesto del año previo más inflación no se cumplió, lo cual tiene un alto costo pues hace muy difícil confiar en lo sucesivo en la palabra del Presidente. Los diputados pudieron hacer muy poco y sólo consiguieron rescatar 100 millones de pesos para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), al que finalmente se le quitaron más de 2 mil 700 millones para su operación en 2019.

Lo anterior coloca a las autoridades de este consejo en una posición muy incómoda, pues les queda la difícil (o imposible) tarea de demostrar que menos es más, así como hurgar en fideicomisos (con objetivos y compromisos legales pactados de años atrás) para encontrar algo que se pueda transformar en dinero líquido, o bien buscar en otros capítulos del presupuesto todo aquello que pueda sonar cercanamente a «ciencia» para aminorar el golpe, así sea mediante el cuchareo verbal.

Hay que añadir que de acuerdo con las respuestas ante los reclamos por la reducción de recursos a la ciencia, se revela la concepción del Presidente, quien en la actualidad considera al Conacyt, no como el organismo rector de la política de ciencia y tecnología del país que debe guiar las grandes transformaciones mediante el concurso de la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI), sino uno que simplemente otorga y administra becas.

Pero ¿cuál es la razón por la que se da el salto hacia atrás? Tanto Peña Nieto como AMLO se plantearon en sus respectivas campañas el objetivo de alcanzar uno por ciento del producto interno bruto para CTI, sin embargo, desde 2015 se dan pasos justamente en el sentido opuesto (parece broma, es como si alguien nos dijera: ¿querían una política transexenal?, pues ahí la tienen). ¿Por qué el presidente López Obrador prefiere romper una promesa y aplicar nuevos recortes a la ciencia? La respuesta fácil es porque los políticos mienten, son demagogos… No podemos quedarnos ahí.

Se puede proponer que hay una gran incomprensión sobre el papel de la ciencia en un país como el nuestro. El error consiste en pensar que su utilidad radica únicamente en su relación con el crecimiento económico. Yo no dudo de que Peña Nieto pensara genuinamente en la importancia de la ciencia (teniendo como su ejemplo favorito a Corea del Sur), tampoco pongo en duda que AMLO realmente crea en la importancia de la ciencia para el país, pero para los políticos la realidad se mueve en el escenario del corto plazo y la economía mexicana no es estructuralmente la de Corea, así que, como no se le ve una utilidad inmediata en términos económicos, la ciencia es sacrificable sin un costo político apreciable. En México la empresa privada participa poco en el financiamiento y ejecución de proyectos científicos y la empresa pública ha sufrido un desmantelamiento por años. Así que no se ven soluciones en el corto plazo y en este capítulo estamos atorados.

Pero esa no es la única función de la ciencia. Si en la vinculación entre academia y empresa se ha avanzado muy poco, en la relación entre la investigación científica y la educación se ha acumulado una gran experiencia. Es aquí donde se aprecia la desarticulación entre las distintas áreas del gobierno actual: por un lado se pretende cambiar el paradigma educativo con la eliminación de la reforma emprendida por el gobierno anterior, se inicia un ambicioso programa para combatir la pobreza y la inseguridad que incluye ensanchar las oportunidades educativas para los jóvenes; pero por otra parte se reducen recursos a la ciencia con lo que objetivamente se le excluye de estos programas. Hay cientos de científicos mexicanos recién doctorados que no tienen empleo, quienes además de crear nuevos conocimientos pueden aportar mucho a la formación de los jóvenes garantizando la calidad de la enseñanza.

Hay otras áreas en las que la ciencia puede aportar mucho, entre ellas la difusión de conocimientos a toda la sociedad, tema al que ya me he referido aquí. Los científicos mexicanos son una ventana abierta al mundo pues nos permiten conocer en tiempo real los avances en prácticamente todos los campos del conocimiento, y reconocer en ellos las oportunidades para el país, así como advertir sobre los riesgos.

Se necesita ensanchar la mirada para reconocer la gran utilidad de la ciencia para el desarrollo del país.

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