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Tomado de jornada

Gustavo Esteva

Estamos en la antesala. Pero no está claro antesala de qué.

La orientación de la política pública que arrancará en un par de semanas podría llamarse «neoliberalismo de izquierda». Tiene antecedentesen la evolución latinoamericana reciente, pero su sentido y alcances son confusos.

Esa orientación fortalece abiertamente la forma capitalista de existencia social.»Un obrero metalúrgico», decía Lula con orgullo, «está haciendo la mayor capitalización de la historia del capitalismo» (Proceso, 1770, 3/10/10). Desde el Consenso de Washington, busca la»estabilización macroeconómica», ratificada una y otra vez por el presidente electo, junto con la liberalización del comercio y la inversión y la expansión de las fuerzas del mercado en la economía interna.

Tal orientación usa diseños del Banco Mundial en programas sociales para aliviar la «pobreza extrema», que individualizan a los pobres mediante transferencias monetarias en parte asociadas con la educación y la salud. Lula celebró a Velasco, en Chiapas, por programas mexicanos muy semejantes a su Bolsa Familia. El nuevo gobierno agregará a esos programas actuales más pensiones para viejitos y becas para jóvenes con el mismo sello.

La capitalización impulsada por los gobiernos «progresistas», tras el desmantelamiento que empezó con el llamado «ajuste estructural» de los años 80, fue celebrada por un amplio sector de la izquierda. En Brasil aplaudió el Programa de Aceleración del Crecimiento de Lula y su alianza con empresarios y corporaciones trasnacionales desarrollistas, muy semejantes a los que se preparan aquí.

Se califica de «izquierda» este neoliberalismo porque fortalece al Estado, en vez de reducirlo. La primera tarea consiste en limpiarlo. En esto fracasaron los gobiernos «progresistas» de la época reciente, plagados por la corrupción; se espera que López Obrador marque una diferencia real con ellos y que su escoba barra eficazmente la porquería actual, empezando desde arriba.

El fortalecimiento del Estado busca, además, regular al capital, protegiéndolo de sus excesos, que en todas partes han estado matando a la gallina de los huevos de oro, como Soros advirtió desde hace 20 años. La decisión de cancelar el corrupto, destructivo y aberrante proyecto del aeropuerto ilustra esa orientación, aunque los sustitutos propuestos no son en modo alguno satisfactorios.

Decía Lula que sus políticas eran «todo lo que la izquierda soñaba que se hiciera» (La Jornada, 3/10/10). Eso se dice de AMLO: que se realizarán al fin los sueños de la izquierda que desde el 68 se acomodaron al juego electoral. Sin embargo, debemos «enfrentar los hechos, en vez de lidiar con ilusiones». Hemos de»vivir el cambio, en vez de entregarnos a la ingeniería social», como exigió hace tiempo Iván Illich.

En nombre de los altos fines que decían perseguir, los dirigentes «progresistas» pospusieron y relegaron la justicia social y la protección ambiental. La misma marca tiene ya el nuevo gobierno. Su mezcla de ilusiones con ingeniería social elude hechos fundamentales.

Sería absurdo subestimar los recorridos de López Obrador por el país y su notable tenacidad. Hablan en su favor las reacciones resentidas y pedantes de la «derecha ilustrada» –Bartra, Castañeda, Aguilar Camín, Zaid… Cuentan sus habilidades políticas y sus inclinaciones personales, lo que siente en su corazón quien ya se considera «hombre de la nación». Y sin embargo…

Están a la vista las presiones que ejercerán quienes se consideran dueños del país y no sienten en AMLO un servidor tan devoto y confiable como sus predecesores. Suena muy bien que se lave las manos sobre la iniciativa de las comisiones bancarias, aduciendo que respetará la división de poderes y las decisiones de su partido. Pero no puede lavárselas con lo que está emanando de su propio bando… y de su propia boca.

El mismo senador que retó a las élites financieras con las comisiones bancarias propuso una legislación agraria en que Morena, no sólo él, sacan el cobre: es lo opuesto a lo que proclaman. El documento es atroz. La iniciativa opera abiertamente contra los intereses de los pueblos indígenas y campesinos para seguir entregando la tierra al capital, como Magdalena Gómez y Ana de Ita analizaron ya en estas páginas.

Como la Red de Afectados por la Minería señaló en su comunicado de prensa, la reacción del senador ante las críticas a la iniciativa no sólo fue ignorante y tramposa; exhibió también soberbia e incapacidad de diálogo. Pero el mal viene de atrás. En el Proyecto Alternativo de Nación que Morena registró ante el INE apenas se menciona el maíz y se aborda el tema en forma equívoca y falaz, con hondo desprecio por pueblos indígenas y campesinos y el ambiente. Es el mismo desprecio, por cierto, que se manifiesta por los pueblos de Yucatán o del Istmo con el Tren Maya o el Corredor Transístmico.

La antesala en que estamos puede ser la del infierno… como de costumbre pavimentada de buenas intenciones.

gustavoesteva@gmail.com

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