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Tomado de jornada

Guillermo Almeyra

La división de los partidos conservadores y las contradicciones entre los diversos sectores capitalistas (trasnacionales, grandes empresas nacionales, medias y pequeños) e incluso en los mandos de las fuerzas armadas le permitieron a Andrés Manuel López Obrador llegar a la Presidencia que antes le habían hurtado.

Fueron decisivos el temor a la reacción popular en caso de fraude (el “tigre” que AMLO ofreció domar) y la agudización de la permanente resistencia, a pesar de la represión y las matanzas (zapatismo chiapaneco en 1994, votación por Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal en 1997, Acteal en ese mismo año, la experiencia de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la lucha de Atenco contra el nuevo aeropuerto durante el gobierno de Vicente Fox en 2006, los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, el gasolinazo, Anuee…)

En las dos cámaras del Congreso hoy tiene mayoría el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y AMLO asumirá la Presidencia en menos de un mes; por consiguiente, es tiempo ya para apuntar algunas tendencias.

En favor de López Obrador hay que apuntar que, pese a que no se apoyó en la decisión de los habitantes de Atenco y del lago de Texcoco y realizó, en cambio, una muy discutible elección sobre el emplazamiento del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, éste no se hará donde pretendían los banqueros (que están furiosos) ni se hará el megaproyecto inmobiliario en la zona.

El presidente electo finalmente se reunió también con los habitantes de Atenco y con los maestros de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación, perseguidos por los gobiernos anteriores y nombró acertadamente algunas personas valiosas, como Paco Ignacio Taibo II, en cargos donde pueden ser muy útiles.

En contra, en cambio, está el hecho que las cámaras de Diputados y de Senadores ni siquiera han elaborado un calendario urgente de reformas a las leyes infames y persisten la Ley de Educación y todas las leyes reaccionarias sobre seguridad, Petróleos Mexicanos, los recursos naturales, la minería, la justicia o en materia laboral, nada se dice de todos los charros en los sindicatos y se mantiene la militarización del país, todo lo cual podría haber comenzado a cambiar si las bancadas de Morena hubiesen tomado iniciativas en ese sentido y puesto a discusión popular leyes derogatorias y proyectos de nuevas leyes.

Igualmente negativa es la decisión de hacer el Tren Maya a costa del medio ambiente y de los campesinos y en provecho del turismo de lujo y de la especulación y, peor aún, la resolución sobre las denominadas Zonas Económicas Especiales que reorganizan el territorio en interés y a la medida del gran capital, con completo desprecio por las poblaciones y por la ecología.

En todos los casos –tanto cuando resuelve a golpe de referéndums plebiscitarios problemas que deberían ser resueltos democráticamente por los afectados, como cuando lanza planes desde el Olimpo, como si fuesen rayos de Júpiter– AMLO ha demostrado ser, antes que nada, un caudillo latinoamericano clásico, verticalista, decisionista y autocrático que pretende establecer un lazo carismático con la plebe y cubre esa actitud con un discurso ambiguo democrático-demagógico. Hasta ahora ni siquiera ha mencionado la posibilidad de romper con los cimientos de la dependencia de México reconstruyendo la economía y la sociedad sobre otras bases. No lo hará porque no es anticapitalista, sino un defensor del sector pequeño y medio de los empresarios y de la gran burguesía nacional (que, como Carlos Slim, está profundamente entrelazada con el capital financiero internacional que gobierna a México y al mundo).

Morena, que debería respaldarlo, orientarlo y controlarlo, sólo lo apoya si exceptuamos algunos murmullos de insatisfacción de un par de intelectuales y la crítica no escuchada de Paco Ignacio Taibo II. Los votantes siguen dispersos, sin poder pesar ni en Morena ni sobre sus diputados y senadores (muchos de los cuales inaptos para su puesto o conservadores), ni sobre el gobierno de AMLO apenas asuma sus funciones.

En este periodo de interregno, en el que Peña Nieto sigue gobernando y haciéndole el trabajo sucio a AMLO, Morena ha permanecido prácticamente mudo y el único que lanzó frasecitas y medias palabras fue AMLO, en los momentos en que no se justificaba con los grandes capitalistas o negociaba con ellos.

No hay democracia real, ni en México, ni en Cuba, ni en China, sin autorganización popular. La democracia directa es posible en comunidades y colonias y en fábricas y ejidos o pueblos, donde las asambleas pueden y deben hacer planes para su respectivo territorio, plantear reivindicaciones, desarrollar planes para hacerlas aplicar, controlar o revocar a los funcionarios corruptos o reaccionarios.

Sin comités democráticos, donde todos sean dirigentes y sin consejos de empresas o de comunidades con direcciones revocables por asamblea, tampoco hay democracia y el nuevo gobierno no representará ningún cambio, sino simplemente la alternancia en el poder entre las diversas fracciones de la clase capitalista. No basta con un cambio de gente en el poder, lo que debe cambiar es el verticalismo y los métodos de mando sin consulta.

almeyraguillermo@gmail.com

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