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Alberto Híjar Serrano

El martes 25 de septiembre, la Universidad Autónoma Chapingo convocó a una conmemoración de casi todo el día del cincuentenario del Movimiento del 68 con homenaje a los Normalistas de Ayotzinapa y a la lucha de sus familiares que los buscan. La larga jornada culminó en el Auditorio “Emiliano Zapata” con el canto de Cayo Vicente que eligió autores representativos: los clásicos Judith Reyes y José de Molina, el maravillosos teatrero y músico Enrique Ballesté y el propio cantor crecido con las organizaciones defensoras del lago de Texcoco. La compañera Citlali rindió homenaje a su maestro Leopoldo Ayala y recordó su digna actitud ante los porros de la Vocacional 5, el poder real en La Ciudadela.

A medio día hablamos en el Auditorio “Álvaro Carrillo” donde rendí homenaje al autor de la mejor novela sobre el 68, Los símbolos transparentesde Gonzalo Martré con título que parodia una canción del cantor agrónomo: “Sabor a PRI”. Participaron con conmovedores testimonios de lucha, la pintora Lucy Castillo, representante de Veterinaria en el Consejo Nacional de Huelga, Ignacia Rodríguez, La Nacha, con su constante homenaje a compañeras y compañeros, especialmente a Roberta Avendaño, La Tita, delegada de la Facultad de Derecho al CNH y a las compañeras recluidas en Santa Martha Acatitla, usualmente ignoradas en las historias. Hizo especial mención a las compañeras que las recibieron en la prisión como la guerrillera argentina Teresa Confreta y en especial la abogada Adela Salazar encarcelada al igual que su compañero también defensor de trabajadores y presos políticos, Armando Castillejos. Cartas de Libertad, Ediciones Quinto Sol, fue mostrado como amorosa prueba de homenaje a los compañeros con cartas, fotos a color, facsímiles manuscritos, como excelente memoria. Participó Manuel Aguilar, trotskista histórico, quien antes de la fundación de los partidos trotskistas modernos, participó con Carlos Sevilla en la fundación de la Preparatoria Popular como prueba de que hay cupo y maestros para los “rechazados” de la UNAM. Por mi parte, acentué la importancia de la I Conferencia Nacional de Estudiantes Democráticos que pese a los obstáculos policiacos y político-militares reunió a doscientos delegados, representantes de más de cien mil estudiantes de todo el país en mayo de 1963 en Morelia. La declaración manifiesta la necesidad de unión entre las luchas del pueblo y los estudiantes, el apoyo a la revolución cubana y al pueblo de Vietnam, “la lucha por una educación popular y científica” para cumplir con el lema final: “luchar mientras se estudia”. El Manifiesto 2 de Octubre del Consejo Nacional de Huelga, insistió en diciembre de 1968 en la vigencia del pliego petitorio y en el repudio al crimen de Estado. Lo firman Roberto Escudero y Gerardo Estrada.

La doctora Patricia Muñoz, subdirectora de Difusión Cultural, organizó las intervenciones memoriosas incluyentes de la de un estudiante que recomendó al rector aprender de las experiencias de las mujeres, lo cual fue respondido con la mención al apoyo de género en Chapingo, pese al desinterés generalizado destacado por otra intervención. Por la tarde, la banda de guerra uniformada de Chapingo, incluyente de una mujer, sirvió para dejar en claro que la disciplina marcial conviene a las instituciones al servicio de los trabajadores del campo y la ciudad. Fui llamado para ofrecer la instalación de 43 mesabancos con los retratos de los 43 de Ayotzinapa acompañados por macetas floridas, ante la representación de familiares y de normalistas, hombres y mujeres, en el acto.

Resulta ejemplar haber incluido en el homenaje a los chapingueros Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Héctor Zamudio, Salvador Luna y a quienes fueron mencionados, como José Taide Aburto y Guillermo González Guardado, llegado desde Mexicali con su hermano con la experiencia de haber sido interno en el Instituto Politécnico Nacional en 1956 cuando fue destruido el improvisado refugio. Vivir de cerca la represión, el Movimiento Ferrocarrilero y la combatividad politécnica, los hizo activistas principales en Chapingo. Adolfo Palma fue incluido entre los homenajeados fallecidos y resultó muy atinado incluir el homenaje a Alcira Soust, la poeta bruja que desparramó amorosa ternura en la Facultad de Filosofía de la UNAM donde resistió los diez días de ocupación militar de Ciudad Universitaria encerrada en un baño sin más alimento que las gotas de agua recogidas en la tapa de un frasco. Amorosa ternura y marcialidad disciplinada, son orientaciones compañeras de la buena militancia contestataria y revolucionaria.

Hubo tiempo para una sana y sabrosa comida en el comedor, previa al recorrido del excelente Museo de la Agricultura con sus 15 mil instrumentos tradicionales y las maquetas de gran tamaño realizadas por comunidades artesanales de todo el país. La maravillosa capilla pintada por Diego Rivera está en restauración por el INBA, todo lo cual inspiró mi introducción sobre la necesidad de liberar los espacios para generar usos y costumbres en beneficio de las luchas populares, así como ocurrió con la Hacienda de Chapingo del Manco González, compadre de Porfirio Díaz a quien dejó gobernar un periodo después del primero a su cargo. La Escuela Nacional de Agricultura ocupa los terrenos de la ex hacienda y antes del 68, alcanzó la categoría de Universidad Autónoma, todo lo cual da sentido histórico a la conmemoración del 68 integradora de la memoria histórica de las luchas populares y las instituciones que han generado. Con la presencia de Taide Aburto, Hugo Mejía, Ermilio Navarro y Sinecio López, el ciclo empezó el 19 de septiembre con las Vigencias de los Chapingueros, también en jornada de todo el día. Asombra la firma de los organizadores: Rectoría, Sindicato y Crítica Social, “espacio de debate académico, político y cultural”.

27 septiembre 2018

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About Author: asbaeza