Print Friendly, PDF & Email

Alberto Híjar Serrano

El 68 empezó desde antes. La declaración de la I Conferencia Nacional de Estudiantes Democráticos de Morelia, mayo de 1963, con doscientos delegados representantes de más de cien mil estudiantes de todo el país, proclama “la unidad del pueblo y de los estudiantes en la lucha contra nuestros enemigos comunes”. Enumera “hechos significativos”: la heroica huelga de la Escuela de Agricultura “Antonio Narro” de Saltillo, las movilizaciones de 1956 y 1957 de los estudiantes del Politécnico, de la UNAM y los de las Normales Rurales “por la defensa de los servicios asistenciales… bases y garantías de la educación popular”; “la lucha sostenida en 1958 y 1959 por los estudiantes de México, Puebla y Monterrey” y en 1960, “las acciones de los universitarios de Chilpancingo, Guerrero, contra los crímenes y despotismo de Raúl Caballero Aburto, gobernador del estado, y con la campaña de los estudiantes normalistas del Distrito Federal para desenmascarar los aspectos demagógicos del Plan de Once Años y la intención gubernamental de dispersar a los más combativos cuadros estudiantiles, como medida de profilaxis política. En ese mismo año, después de prolongados e intensos esfuerzo, los estudiantes michoacanos arrancaron a las autoridades de su estado una ley orgánica progresista que normará la vida de su universidad”. Citan a continuación la derrota del imperialismo en Playa Girón, como prueba de la posibilidad de derrotar al enemigo principal.

La segunda proclama es: “¡A la lucha por una educación popular y científica!”. La proclama tercera es “¡Por la unidad y organización independiente del estudiantado democrático y revolucionario!”. Luego de la fecha del 17 de mayo de 1963 queda el lema “luchar mientras se estudia”.

En enero de 1968, la Asamblea de Estudiantes Rechazados para ingresar a la UNAM culminó con la fundación de la Preparatoria Popular que probó que había cupo al usar los salones disponibles en la hora de la comida y en horarios habituales. La convocatoria para incorporarse como profesores fue respondida de inmediato por pasantes y profesores de otras escuelas. Los trámites de reconocimiento legal acompañaron a las movilizaciones y la rectoría de Javier Barros Sierra otorgó el reconocimiento a los estudios y dispuso el uso de un edificio en la calle de Liverpool casi esquina con Orizaba en la colonia Roma. El aparente desorden escolar tuvo consecuencias organizativas como la narrada en un testimonio de la ausencia de un profesor respondida por el grupo que decidió, por su cuenta, leer el texto previsto y discutirlo como prueba de autogestión educativa.

En la Escuela Nacional de Arquitectura un grupo de estudiantes avanzados entre los que estaban Germinal Pérez Plaja, Alfonso González, Héctor Barrena y Eduardo Benavides, se acercaron al profesor Santos Ruiz con el malestar por los ejercicios de Arquitectura suntuaria dispuestos por los profesores. Decidieron como primera medida subversiva ingresar a tres pasantes de Economía y a un profesor de la Facultad de Filosofía impuesto por el Grupo Miguel Hernández devenido Comité de Lucha, para incorporarse al Colegio de Historia y Teoría. El Colegio lo presidía Mauricio Gómez Mayorga, singular activista de ultraderecha que formaría parte de los organizadores del desagravio a la Catedral cuyas campanas habían saludado la llegada de la primera gran marcha del Movimiento Estudiantil. Una pareja de los estudiantes mencionados acompañó a quien esto escribe a la junta del Colegio y cuando fueron invitados a salir, manifestaron su decisión de quedarse sin voz ni voto en vista de que no había ningún reglamento que lo impidiera. En reuniones sucesivas, entregué propuestas por escrito que nunca fueron discutidas. Todo cambió tres años después con la okupación de la dirección de la Escuela y la decisión de asamblea de impedir el regreso de las autoridades para fundar el autogobierno.

Influyó en todo esto la orientación anarquista de Germinal, hijo de un profesor catalán de esta tendencia. Ya en 68, recuerdo mi sorpresa al recibir del grupo de estudiantes de avanzada, un ejemplar de un Manifiesto Situacionista de Montpellier, perfectamente desconocido por los estudiantes en lucha. Esta dimensión crítica se hermanó con la tendencia althusseriana difundida en la Facultad de Filosofía por Cesáreo Morales y el autor de estas líneas. Un grupo de brillantes jóvenes de esa Facultad, impulsaban la lectura y traducción de La Penséepara su discusión y dar lugar a una praxis de crítica constante a los demás profesores, especialmente a los marxistas stalinistas instalados en el confort de los manuales soviéticos. Poca atención recibieron de los profesores marxistas más reflexivos: Adolfo Sánchez Vázquez ya ocupado en la filosofía de la praxis con los escritos del joven Marx, Eli de Gortari y la lógica dialéctica con su Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos con participaciones internacionales de ambas disciplinas y Wenceslao Roces, el traductor de El Capital.

Martha Vilchis, una joven y bella pasante de Historia del Arte de la Universidad Iberoamericana, fue integrada al profesorado del autogobierno por recomendación de Alberto Híjar. Solía decir: “dice Híjar que dice Althusser” cuando en realidad procurábamos difundir Ideología y Aparatos Ideológicos de Estadopara abrirle paso a la reflexión sobre la necesidad de reproducción de las relaciones de producción que tienen en la arquitectura y el urbanismo el lugar y el tiempo de imposición de usos y costumbres del modo de producción dominante. Una pareja de estudiantes me propuso hacer una edición ilustrada que una vez impresa, fue destruida en una de tantas incursiones porriles. Meses después, el autor de las ilustraciones y luego profesor en la UAM Xochimilco, me confesó que era informante de la Secretaría de Gobernación. El Grupo Linterna auspiciaba la discusión teórica y la línea autogestiva apoyada por el politécnico Juan Manuel Dávila inspirado en José Revueltas.

La publicación de una parte de la Historia de la Arquitectura de Leonardo Benévolo, gracias a la edición pirata de los cubanos revolucionarios apropiándose de todo saber que beneficiara a la Revolución Cubana, marcó el principio de la revista del Autogobierno. Tuvo que llegar la fundación del posgrado del que fui electo y reelecto coordinador por unanimidad de la asamblea. Dos tendencias se hicieron notar: la del trotskista colombiano Emilio Pradilla empeñado en reducir la arquitectura a “soporte material de la producción” y la otra la de crítica al racionalismo arquitectónico del profesor graduado en el Politécnico, Rafael López Rangel, tenaz investigador de las aportaciones mexicanas como la de los Arquitectos Socialistas con Enrique Yáñez y otras distinguidas figuras que dotaron al cardenismo de grandes instalaciones escolares para la “educación socialista”, conjuntos habitacionales para trabajadores y grandes instalaciones hospitalarias, todo como integrantes de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios entre 1932 y 1940. La influencia de las vanguardias soviéticas y europeas tuvo en Hannes Meyer, quien dirigiera la Bauhaus, un organizador influyente en la fundación de la Escuela de Maestros de Obra que culminaría en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional. El entusiasmo por difundir esta línea, que tuvo en Juan O’Gorman un impulsor principal desde su cargo en la Secretaría de Educación Pública dirigida por Narciso Bassols, encontró en Carlos González Lobo un entusiasta difusor al que se sumarían años más tarde Víctor Arias, Carlos Ríos del Politécnico y Ramón Vargas, el celebrado doctor especialista en la teoría de José Villagrán García inspirada en la filosofía de los valores de Max Scheler para periodizar formalmente la historia de la arquitectura en México exigida de crítica radical. Tal hacíamos en el Curso Vivo de Arte que por veinte años probó las necesidades de una historiografía actualizada mediante visitas guiadas en México, Centro, Sudamérica y Cuba, la URSS con la colaboración de Ignacio Márquez Rodiles, venerable dirigente del Frente Nacional de Artes Plásticas de los 50. Ernesto Alva, laborioso coordinador del autogobierno luego de Jesús Barba, miembros ambos del Grupo Linterna, guio una visita a las islas griegas y otra vez, el Curso Vivo de Arte llegó hasta China. “Cuba para Universitarios” se convirtió en un evento anual de fin de año que permitió conocer a los arquitectos revolucionarios Fernando Salinas y Roberto Segre, impulsores de la “arquitectura del tercer mundo” que mucho contribuye a prestar atención a los problemas urbanos y arquitectónicos de los pueblos de América en situación de empobrecimiento continuo por el despojo capitalista. El discurso de clausura del Che en una reunión de la Unión Internacional de Arquitectos en La Habana resulta aportación fundamental para apropiarse de los recursos técnicos necesarios para la construcción del futuro. Seguiremos.

13 septiembre 2018

Tags:
About Author: asbaeza