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Por El Yaguarete Agosto 1, 2018

El resultado de las pasadas elecciones, conlleva sus propios retos.
Por una parte, muchos de los electores están ubicados en los sectores más desprotegidos y carentes o acotados de los beneficios sociales (más bien limosnas), que los gobiernos de las tres décadas pasadas han dirigido a gremios y organizaciones afines a sus intereses, y cuyos agremiados se han quedado esperando una verdadera mejoría en sus condiciones y calidad de vida.
Al amparo de “líderes y dirigentes” que se pretenden brújula de su destino, pero que en realidad han entregado las luchas y logros gremiales a los intereses de las corporaciones capitalistas que hoy marcan el derrotero sociopolítico, se mantienen inmovilizados y temerosos, siguen siendo manipulados ya sea por estos líderes o bien por organizaciones criminales en contubernio con autoridades básicamente policiacas y militares que ejercen control territorial.

Otra parte se ubica en sectores poblacionales dedicados a subsistir día a día, sobre todo en lo que llaman sector informal de la economía, que van desde los ambulantes hasta los tianguis y el pequeño comercio, controlados también por mafias allegadas al poder político-policial, y sometidos al pago de cuotas para poder vivir.

Muchos de ellos votaron, a lo mejor, con la ilusión de sacudirse a sus líderes y eliminar las mafias, pensando que de la noche a la mañana llegaría alguien con la varita mágica que desapareciera todo aquello que los oprime. Aquí recuerdo algo importante que Bernardo Barranco comentó sobre la visión de esperanza que estos grupos tienen sobre un ser que, a diferencia de una virgen o algunos santos intangibles, éste si se puede palpar, o tocar la silla que utilizó o el auto en que se desplaza, votaron con fe. Así nos han educado desde hace 500 años.

Otros sectores, algunos convencidos y otros no tanto, emitieron su voto en contra del cinismo de las acciones entreguistas de los gobiernos sometidos a los intereses neoliberales, que por supuesto los deja de lado: la pequeña y mediana industria; los campesinos; los obreros y trabajadores del campo; los maestros y estudiantes; y muchos más, que hartos de las injusticias e inequidades, ponen hoy su esperanza en un verdadero cambio de estructuras económicas y sociales.

Repasando nuestra historia, podemos ver que la lucha de independencia, la reforma y la manoseada revolución mexicana, no han pasado de ser más que el cambio de estafeta del poder entre unos cuantos privilegiados, donde la mayoría del pueblo ha puesto los muertos y sigue igual de jodido. Y desde hace seis sexenios solo los iluminados de la “clase política” son capaces de llevar las riendas de un país que cada día aumenta el deterioro social y ambiental.

Esa clase política carente de ideología y por lo tanto de ética, con seres que se acomodan donde no sean devorados por sus similares y sobrevivan cuando menos el periodo que les toque. Hoy ahí vemos resurgir a varios con cuentas pendientes que, desvergonzadamente, se comportan como rémoras del momento.

Sin embargo, valga pues otorgar el beneficio de la duda y preguntar, ¿que capacidad y valor tendrán los futuros gobernantes para modificar estructuras sociales, políticas y económicas de fondo?
Muchos pendientes existen en las luchas sociales. Si los nuevos gobiernos no reconocen las formas organizativas y autonómicas, si mantienen sus brechas con el pueblo, si desconocen el espíritu comunitario, entonces sabremos que su premisa es “que haya cambios para que todo siga igual”.
Esta es la verdadera lucha de clases, no dogmática, sino real.

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