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Por el Yaguarete

Eduardo Galeano nos deja en uno de sus pensamientos lo siguiente:
“El cocinero convocó a todas las aves de la tierra, y ya reunidas les preguntó con qué salsa querían ser guisadas, a lo que algunas respondieron que simplemente no querían ser cocinadas. Entonces el gran cocinero les dijo: ese punto no está a discusión”.

Este pensamiento nos permite crear una analogía sobre el reciente proceso electoral que acabamos de trascurrir. Los grandes analistas políticos televisivos y muchos en otros medios, se devanan los sesos para explicarnos cómo fue posible que la “izquierda” haya podido por fin acceder al poder; y precisamente solo se trata de eso, llegar al poder.

Durante más de seis decenios (estos si bien contados) la conformación de grupos dominantes de las relaciones humanas, han establecido sistemas y formas que permitan la supremacía de ellos por encima del bienestar de las mayorías poblacionales.

Un compañero me decía: Profe, estoy acudiendo nuevamente a los libros, a la teoría para tratar de entender qué está pasando y qué tenemos que hacer. Coincido con su inquietud, porque en este maremágnum “político” se han extraviado los principios ideológicos, se han perdido los objetivos comunitarios si es que alguna vez en aquellos que hoy protagonizan las contiendas existieron.

Muy pocos entendieron el significado de la postulación de MaryChuy; se sumaron muchos que hoy son parte del juego electorero. Bien por ellos si les fue favorable y no pierden la brújula, sin embargo la mirada de aquí abajo es más amplia, se extiende hasta los confines del mundo que no existen, pues su continuidad nos alcanza y enlaza.

Años y años de sembrar y cultivar en las mentes del pueblo conformidades y corrupciones, de incentivar enfrentamientos vecinales, de promover divisiones generacionales, de no atender a las demandas mínimas de servicios, hoy dan como resultado el apabullante triunfo de una opción.

Y aunque el escenario “político” puede parecer diferente, el dominio es económico. Lo importante para le élite del poder es la “paz social”, que mantenga las mismas condiciones de sometimiento a los de abajo y de bienestar a las oligarquías.

Muchos pendientes de Justicia dejan los regímenes anteriores, pendientes que no debemos permitir que olvide la memoria. Ni rápida ni sencilla será su solución, pero deberá tener la perseverancia necesaria para llegar a la conclusión justa.

El cambio estructural en México ha funcionado en el sometimiento a los designios de los organismos económicos internacionales gracias a la pereza mental de la población y al confort que presentan los dizque “intelectuales orgánicos” televisivos y radiofónicos.

Hay que reconocer aquí las discrepancias e intereses de las organizaciones sociales, que no han logrado establecer éticamente sus objetivos.

Bien es tiempo de reponer los reclamos de justicia, de derechos, de equidad. Es tiempo de comunidad.
A lo mejor es tiempo de preguntar al cocinero, con qué salsa quiere ser guisado.

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