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Tomado de jornada

José Cueli

Qué difícil resulta la confrontación con la muerte, la finitud, la indefensión y la verdad. Son preferibles fórmulas edulcoradas que mantengan narcisismo y omnipotencia a flote. La próxima semana se cumplirá el bicentenario de Karl Marx y está presente en mi mente el libro de Jacques Derrida Espectros de Marx, que versa sobre una franca denuncia de la hegemonía de una democracia neoliberal y neocapitalista que se presenta como la única perspectiva política, social y económica que lejos de remediar los graves problemas económicos mundiales los ha acrecentado e intenta disimular las injusticias, las miserias y la violencia que se ciernen sobre un gran sector de la población mundial que se empobrece, si cabe, cada día más.

Derrida se negó a ello y rechazó la metafísica logofonofalocéntrica de la cual se derivan muchos graves problemas que hoy vive la humanidad: violencia –Jalisco, Tamaulipas…–, crueldad, corrupción, hambruna, delincuencia, deshumanización y terrorismo. Conoció a fondo la obra de sus brillantes predecesores; desde los griegos hasta los contemporáneos y de ellos, el más cercano, Martin Heidegger. Pero fue más allá de la crítica hacia la filosofía e incluso al sicoanálisis con un fondo, valga la palabra compuesta, reconstructivo-constructivo.

Para él, desde Platón sigue vigente la vieja injunción filosófica: filosofar es aprender a morir. En el texto Espectro de Marx, Derrida discute que es piedra angular de su obra dedicada fundamentalmente a la cuestión de «una justicia por venir». «Aprender a vivir tendría el significado de aprender a morir, y a tomar en cuenta, por aceptarlo, la mortalidad absoluta (sin salud, ni redención, ni resurrección), ni para él ni para otro».

En lo que sí creía es por lo que tenemos que trabajar, y a ello apuntan muchos de sus textos, a que en lugar de tanta injusticia social, tanta violación de los derechos humanos y tanta crueldad –como vivimos en México– por parte de dirigentes y políticas opresivas y crueles se pudiera optar por una vida digna de ser vivida. Por tanto, en mi opinión creo que habría que «hacer trabajar» al espectro y la obra de Derrida en una forma verdaderamente exegética.

Para Jacques Derrida privaba en el mundo un discurso dominante, el cual proclama que Karl Marx ha muerto, que el comunismo también está muerto y que vitorea al libre mercado y al liberalismo económico y político. Sin embargo, el filósofo francés encuentra que esta conjuración triunfante cae en una denegación, es decir, en una doble negación, en tanto que lo que no logra conjurar son los espectros de Marx.

Así, como Hamlet, el espectro retorna porque la fórmula del tiempo se corresponde con lo que se dice del tiempo en tanto se refiere al verbo ser en tercera persona de indicativo –the time is out of joint– un tiempo salido de sus goznes, un tiempo atemporal que predestina el retorno de los espíritus, en este caso el espíritu de Marx.

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