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Tomado de jornada

Luis Hernández Navarro

En un súbito arranque de internacionalismo proletario, una organización sindical mexicana realizó el pasado sábado 26 de agosto un mitin en solidaridad con la dirigente gremial venezolana Marcela Maspero y en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

En un episodio digno de ocupar un lugar distinguido en el Museo del Absurdo de la política mexicana, la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), vinculada al gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), acarreó a sus afiliados desde el Auditorio Nacional hasta la embajada de Venezuela en Ciudad de México.

Frente a la sede diplomática, henchido de conciencia de clase, Hugo Ramos Ramírez, secretario tesorero de la central obrera conocida por vender los derechos laborales de los trabajadores a la patronal, denunció sin rubor alguno: «Es una injusticia lo que están haciendo con los líderes sindicales de ese país sudamericano y no podemos permitirlo».

El improvisado defensor del proletariado venezolano, conocido por negociar contratos de protección en favor de las empresas, es líder de los trabajadores de Alpura y principal operador de Isaías González Cuevas, dirigente nacional de la central.

El prócer obrero Isaías González es senador por parte del PRI. Sus opositores dentro de la central, como Salvador Patlax, secretario general del sindicato nacional de la industria metalúrgica, lo acusan de enriquecimiento ilícito, por «percibir fuertes sumas, debido al manejo discrecional de las cuotas sindicales de los miles de agremiados a la CROC, así como por otros conceptos, como la indebida retención de distintos porcentajes de las cuotas destinadas al Infonavit». Según, Alberto Serna, líder de la Central en Nuevo León, miles de agremiados han interpuesto denuncias penales por el delito de fraude en contra del senador del PRI.

La lista de tropelías y atropellos del defensor de la oposición venezolana no tiene fin. Un reportaje del semanario Zeta documentó cómo el aguerrido y solidario Isaías González no pudo ocultar el millonario contrato de compraventa de un hotel en huelga en Cabo San Lucas, Baja California Sur, cuando, todavía no se resolvía el juicio laboral entablado por la organización sindical en contra de la empresa Peza Construcciones (https://goo.gl/xo1R9X).

No es exageración. En todo el país, golpeadores de la CROC, emulando a los guarimberos venezolanos, armados con palos, tubos y cachiporras, agreden a trabajadores que buscan organizarse de manera independiente o que rechazan su extorsión. Así lo han hecho en Quintana Roo, estado de México, San Luis Potosí, Zacatecas, Ciudad de México, Durango y Baja California Sur, entre otras entidades. Según Alberto Rentería, líder del Sindicato de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos, el senador González es «el principal cáncer del sindicalismo en México». En más de una ocasión, el inefable Grupo México ha contratado sus servicios para tratar de arrebatar los contratos colectivos de sus empresas, que están en manos de otros organismos gremiales.

La incondicionalidad de la CROC con el gobierno es absoluta. “Bajo el liderazgo del presidente Enrique Peña Nieto –dijo su abnegado líder– nuestra organización apoya totalmente un México más productivo, que genere empleos formales y salarios dignos, para trabajadores altamente certificados”. En 2013, la central se sumó sin cortapisa alguna a la reforma hacendaria del hoy canciller Luis Videgaray y la consideró «una reforma social de gran impacto».

Internacionalmente, la CROC forma parte de la Alternativa Democrática Sindical de las Américas (ADS), escisión de la Confederación Sindical de las Américas (CSA), a la que perteneció, pero en la que nunca se sintió cómoda por ser demasiado «radical». Para justificar su ruptura, los promotores de Alternativa acusaron a los de la Confederación de ser izquierdistas y (¡horror y desolación!) hasta ¡marxistas!, y llamaron a auspiciar un sindicalismo de valores.

La ADS (faltaba más) ha sido sistemática crítica del gobierno venezolano y de la recientemente nombrada Asamblea Constituyente de ese país. La Unete, la organización sindical que dirige Helena Maspero, prófuga del chavismo defendida por la CROC, está afiliada a la ADS. Más aún, forma parte de su Comité Ejecutivo Continental.

El movimiento sindical venezolano está muy lejos de ser una fuerza unitaria. La polarización que existe en el país está presente en sus filas desde el surgimiento mismo de la revolución bolivariana. Siete centrales y más de 6 mil sindicatos coexisten y disputan entre sí la representación de los trabajadores. Helena Maspero regentea una pequeña isla dentro de ese archipiélago. Su central ni siquiera ha podido nombrar una dirección nacional estable. Apenas hace unas semanas, doña Helena promovió la «desobediencia civil» en contra de la Constituyente. Y, en una muestra de indudable capacidad de convocatoria, logró movilizar más de 8 millones de votos… pero en contra de ella y de sus compañeros de la derecha.

El teatro que la CROC montó en «solidaridad» con los trabajadores venezolanos es una vacilada. Conveniente para la CSA y para el gobierno mexicano y sus planes intervencionistas la protesta no fue más que un montaje al servicio de sus patrocinadores. El croquismo, esa lacra del sindicalismo mexicano especializada en contratos de protección y golpeadores para acallar la voluntad de los trabajadores, muestra el tamaño de la autoridad moral que tienen algunos críticos nacionales de la revolución bolivariana.

Sin embargo, no todo está perdido para los adalides del internacionalismo proletario de última hora. En una de esas, la oposición venezolana podría contratar a los grupos de choque del organismo obrero mexicano para reforzar sus desgastados bloqueos callejeros.

Twitter: @lhan55

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