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Tomado de losangelespress

autodefensas

Foto: Distrito Federal en apoyo a las autodefensas de Michoacán en una marcha solidaria el domingo 19 de enero de 2014.

Ramsés Ancira

No fue una misión periodística, turística ni de ideología política la que me llevó a Michoacán en la primavera del 2013, por lo tanto estas reflexiones son sólo las de un ciudadano que entonces se preguntó cómo era posible que no se hubiera implantado antes la autodefensa.

Hay una escena de una película que marcó mi vida: creo que es El Amanecer de un Siglo, de Isvvan Szavo, pero eso no es lo importante. En esta, cientos de judíos son humillados por un oficial nazi en un paisaje nevado. Los uniformados de la SS son sólo un puñado. Si los rehenes se hubieran decidido, habrían caído unos pocos, pero fácilmente habrían podido envolver y acabar con sus verdugos. No lo hicieron porque estaban paralizados por el miedo. Esa indecisión les costará la vida a todos.

Una escena común en las casas michoacanas de Tierra Caliente fue la siguiente: Un grupo de hombres sometía al jefe de la familia, violaba a la esposa y le pedía que bañara a la niña de 12 años, porque a esa se la llevarían con ellos “para disfrutarla con calma más tarde”.

Me parece que esa historia la escuché de voz del doctor José Manuel Mireles en una entrevista nocturna para una estación de radio con muy poca audiencia, pero eso tampoco importa. Sí recuerdo haber estado en una peluquería de la Ciudad de México cuando vi llegar a una señora a ofrecer comida en portaviandas. El peluquero me contó la historia: La dama había sido propietaria de dos tortillerías en Michoacán. Para trabajar tenía que pagar una cuota mensual por cada establecimiento.

Pronto la cuota resultó impagable y como la señora podía morir calcinada si no la cubría decidió salir a la Ciudad de México, donde aún sobrevive de la venta de albóndigas y enchiladas pre- fabricadas que surte a los comerciantes de una colonia popular.

Pero les contaba que acudí a Michoacán. La razón es que buscaba canales de cable para firmar convenios que permitieran la difusión gratuita de la señal de Hispan TV. Yo creo que la violación de los derechos humanos está hecha de la misma sustancia que los fantasmas: se desvanecen cuando se apaga la luz.

Un importante empresario de Tierra Caliente me contó entonces que la Navidad anterior recibió la visita de un grupo de hombres armados, quienes le conminaron a acudir a una fiesta, a la que debería llevar una cantidad en efectivo “para el aguinaldo de los muchachos”.

Cuando le destaparon los ojos se encontró en una especie de castillo fuertemente custodiado, pero no por arqueros, sino por sujetos armados con rifles de asalto. Cuando terminó la “fiesta”, nuevamente vendado, lo regresaron a un sitio desde el cual corrió para poner una denuncia ante las autoridades federales.

“No tenemos control de ese territorio, ni siquiera podemos vigilarlos por satélite, sálgase de ahí cuanto antes”, fue la respuesta de las autoridades. De Pátzcuaro a Morelia, donde fui a entrevistarme con los directivos de Mega Cable platiqué con un taxista que me describió su estado de ánimo: “encabronado”.

Esa mañana todos los operadores de su sitio habían recibido una llamada. Les decían que debían entregar 20 mil pesos (USD $1575) en “La Comer de Morelia” para poder seguir laborando y que eso se iba a repetir todos los meses. La violencia no estaba ausente durante los gobiernos del PRD, pero se volvió completamente incontrolable después de que el PRI regresó al mando.

Durante la gestión de Lázaro Cárdenas Batel se logró localizar a dos secuestradores que solían matar a las víctimas tras cobrar el rescate. Se organizó una batida, precisamente en Tierra Caliente: un grupo de agentes especiales, algunos entrenados en Israel, comandados por un civil, viajaron a través de las montañas, otros por carretera, para hacer una pinza.

En la madrugada avisaron que ya tenían localizados a los sospechosos, pero que había un problema, viajaban en un convoy de esa zona militar. Así y todo, los policías les cerraron el paso. Una vez identificados, los policías advirtieron al capitán al mando que tenían una orden de aprehensión contra sus protegidos. El militar se burló y dijo que al día siguiente los periódicos reportarían cómo elementos del glorioso ejército habían abatido a un grupo de facinerosos en las carreteras de Michoacán.

Uno de los policías desenfundó con rapidez y poniendo el arma en la cabeza del militar que encabezaba el convoy le espetó “y también van a decir los periódicos que el primero que cayó fue un capitán hijo de su p…”.

Hubo un acuerdo, los militares entregaron a los dos secuestradores y continuaron su camino con su cargamento de marihuana.

Seamos piadosos, a lo mejor la habían decomisado.

(…)

desaparecidosmichoacan

Diego Antonio Maldonado, Ana Belén Sánchez y Luis Enrique Castañeda estaban en Paracho, Michoacán en un festival de globos aerostáticos el 22 de julio de 2012. Participaban en un festival de ciencias para niños de escuela elemental.

Esa noche, después de trabajar, tomaban una copa en un bar cuando fueron molestados por un grupo de rufianes de la localidad. Decidieron irse de ahí para refugiarse en el hotel. Entonces llegaron hasta sus habitaciones y los sacaron por la fuerza.

Cinco meses después el sacerdote Juan de Dios Ávila contactó a los familiares, les dijo que los jóvenes estaban vivos y que se requería de medio millón de pesos para liberarlos.

El cura obtuvo el dinero y nadie lo ha vuelto a ver.

Ni el gobierno de Felipe Calderón, ni el de Enrique Peña Nieto han movido un dedo para resolver este caso emblemático de la violencia en Michoacán, emblemático entre otras cosas porque se trataba de jóvenes del Distrito Federal que nada tenían que ver ni con los Caballeros Templarios, ni con el despojo de huertas de aguacate, ni con cualquiera de las posibles explicaciones que el gobierno federal pueda dar para justificar que ya no se necesitan autodefensas.

Ya en el gobierno de Enrique Peña Nieto se organizó una batida en el municipio de Aquila. Ahí opera una minera argentina. Quién sabe cuánto paga de impuestos por el beneficio, pero los habitantes locales que explotan otra mina están seguros que sí paga la cuota de protección.

¿Y qué hizo el gobierno de Peña Nieto? ¡Qué difícil resistirse a los calificativos! Póngaselos el lector. Encarceló a los miserables integrantes de las autodefensas, personas que con dificultad pueden poner en sus mesas un trozo de carne y dejó libres a los extorsionadores.

El militar con más nivel de estudios en México, el doctor por la UNAM y general Francisco Gallardo, creador de carreras universitarias de seguridad pública y similares tiene una idea para resolver la violencia en México: Apoyar la Autodefensa.

Sus razones serían objeto de otro artículo, pero podrían resumirse de la siguiente manera. En la administración de Enrique Peña Nieto, tanto en materia de seguridad pública como de soberanía energética, sólo el pueblo puede salvar al pueblo.

Cuando Alfredo del Castillo, flamante comisionado presidencial para Michoacán nos resuelva el paradero de Diego Antonio, Ana Belén y Luis Enrique, tal vez podamos empezarle a creer que la autodefensa ya no es necesaria. http://nomasvictimas.org/tag/paracho/

Mientras tanto organizarse para salvar a la familia, al patrimonio, la integridad: la autodefensa pues, no es una cuestión a criterio ni de Peña Nieto, ni de Osorio Chong, ni de la Suprema Corte, ni del Papa ni del mismísimo Dios. Es un derecho natural inalienable, está en nuestros genes, en nuestros reflejos vitales, y ninguna ley humana ni presuntamente divina podrá quitárnosla por decreto.

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