Print Friendly, PDF & Email

Temprano en la mañana del sábado 29 de enero, recibí una llamada telefónica de José Pérez González, joven patriota puertorriqueño que cumplió cinco años en una prisión yanqui, acusado y sentenciado por un tribunal estadounidense en Puerto Rico por haber participado en las protestas contra la marina estadounidense y su criminal bombardeo en Vieques.

Sonaba agitado mientras me pedía que participara en una conferencia de prensa para limpiar nuestro honor por la atrocidad que habían cometido unos médicos puertorriqueños en Haití. No entendía de qué hablaba pues recién me había levantado de la cama.

Le contesté que yo estaría presente en todo lo que fuera por la independencia de Puerto Rico. Me quedé intrigado pues realmente no sabía de qué me hablaba. Unos minutos después entró mi esposa con la acostumbrada tacita mañanera de café negro.

Me dice: ¡A cuánta degradación se va a llegar! Le pregunté qué había sucedido y me contestó que acababa de ver en el noticiero mañanero unas bochornosas fotografías de unos médicos puertorriqueños participantes en una supuesta misión humanitaria en Haití. Entonces entendí de qué hablaba el joven patriota puertorriqueño y por qué estaba tan indignado. Lo llamé y le dije que estaba dispuesto a participar en cualquier conferencia de prensa acerca de la conducta tan desgraciada por parte de esos médicos. De ahí estas líneas.

En nombre de mi pueblo verdaderamente puertorriqueño y en nombre del mayor de mis hijos que es médico y quien en más de una ocasión ha ido voluntariamente en misiones humanitarias a prestar servicios médicos gratuitos en África, América Latina y el Caribe; y en nombre de Pedro Dubois, aquel revolucionario haitiano fusilado en 1822 por el régimen español en Puerto Rico, acusado de ser uno de los principales organizadores de una conspiración para lograr la abolición de la esclavitud y la independencia de Puerto Rico; y en nombre del doctor Ramón Emeterio Betances, Padre de la Patria puertorriqueña y llamado El Antillano, quien como médico ayudó a combatir el cólera morbo que arrasó a Puerto Rico en 1855 y quien dormía en la acera para estar accesible a sus pacientes; y en nombre de todos los médicos puertorriqueños de gran sensibilidad que he conocido, quiero expresarle al pueblo haitiano nuestras excusas. Lo mismo quiero expresar a todo hombre y mujer sensible a la desgracia humana.

Hubiese querido que esos médicos que se burlaron de la tragedia humana se hubiesen enterado de la nobleza y sensibilidad de los médicos cubanos que están en Haití dando su mano y corazón a ese pueblo. Vi una doctora cubana llorar de la emoción mientras abrazaba a una haitianita herida. Quizás tratando de excusar a estos médicos puertorriqueños por su conducta tan inexcusable, podría culpar al sistema que los deshumaniza, mientras que el sistema que produce a los médicos cubanos humaniza. Pero hay una cosa que sí quiero afirmar: esos médicos que nos abochornaron ante el mundo entraron a la República Dominicana como “ciudadanos americanos” y fueron seleccionados y enviados por un senado colonial antipuertorriqueño.

Pueden estar seguros de que ninguno de esos médicos era defensor de nuestra independencia, ni de la Revolución Bolivariana. Una mentalidad va con la otra. Puedo decirle orgullosamente al pueblo haitiano que sí había médicos verdaderamente puertorriqueños en Haití y que se comportaron con dignidad y con el respeto que merece el pueblo haitiano.

Como puertorriqueño, extiendo mi gratitud a los pueblos del ALBA. Con sus acciones han demostrado que somos una Gran Patria caribeña y latinoamericana y que en Haití no hacen falta fusiles, sino hospitales, rescatistas y mucha solidaridad.

About Author: asbaeza