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bebe-haitiLas epopeyas de niños haitianos que batallan por la vida después que la tierra tembló y convirtió sus casas en jaulas de barro y hormigón afloran en nuevas visitas a los hospitales, donde parecía que esos sucesos ya eran historia.

La protagonista de este nuevo episodio tiene nombre, sin embargo se desconoce, ya que fue encontrada cinco días después del terremoto entre los restos de su vivienda por personas ajenas y puesta en manos del contingente de médicos cubanos en el capitalino Hospital Universitario La Paz.

Al llevarla al centro de salud, los ciudadanos que la rescataron dijeron que los padres de la pequeña murieron, y que no tenían información del resto de su familia.

La pequeña, a quien los médicos calculan un mes y medio de edad, fue hallada en el suelo de la casa y deshidratada, de ahí que una de las primeras medidas del equipo de pediatras fue nutrirla.

“Se le consiguió leche, y se le suministró cierta cantidad de glucosa, y comenzó a mejorar”, comentó Jean Pierre Brisma, médico haitiano graduado en Cuba, integrado a la misión médica de la isla que asiste a los damnificados.

Los alimentos los preparan los mismos médicos, quienes además la atienden como hicieron o harán con sus hijos, ya que la bañan, le cambian los pañales, y la cargan para darle un descanso al cunero número tres, su actual casa, y referencia por la cual se le identifica, al ser desconocidas sus generales.

A la pequeña también le tienen habilitada una cajuela, donde habitualmente duerme, ya que resulta más práctica para colocarle el mosquitero que la protege de cualquier insecto malvado que pretenda hacer mella en su piel.

Fue en esa caja que la conocimos, durante un recorrido nocturno por la carpa que sirve de sala de pediatría en el hospital.

Bajo la lona no se ha podido activar el servicio eléctrico, en la noche prevalece una total oscuridad hasta que se inicie el pase de visita de los médicos, quienes con pequeñas lámparas desatan algunos minutos de iluminación.

Nuestro paso por la improvisada sala, lanzando “flashazos” para captar imágenes, al parecer desató curiosidad en la pequeña de la cuna tres, cuyos destellantes ojos lo decían todo: que le quitaran de encima el mosquitero para ver con claridad al impertinente y decir una vez más que estaba con vida.

“Es increíble como toma leche, cada vez que le dan, no deja ni un sorbo”, comentó otro de los médicos presentes.

El cunero es todo orden, limpieza y austeridad. A un lado un pequeño recipiente con talco, en una esquina algunas ropitas y pañales gestionados por los propios galenos, y en diagonal un biberón.

La valiente paciente tendrá que esperar por las autoridades haitianas para recibir un nuevo nombre y ser entregada a una institución de beneficencia, a menos que aparezca algún familiar, revele de quién se trata y reclame su custodia.

Mientras, ya es bien conocida en los predios del hospital de La Paz: la pequeña del cunero tres, a quien todos distinguen por su inigualable brillo en los ojos.

(Con información de Prensa Latina)

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