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El equipo de la Televisión Cubana en Puerto Príncipe capta estas imágenes desgarradoras tres días después del terremoto que el martes asoló a la capital de Haití.

Un recorrido nocturno por Puerto Príncipe confirma, incluso eleva, la magnitud de la tragedia. Cientos de miles de personas duermen en la calle. Cualquier sitio es bueno. En los parques, en las esquinas, basta con un metro de pavimento donde tumbarse al aire libre. Se cortan las calles para tumbarse en medio del asfalto sin peligro de ser aplastados por las ruedas de algunos vehículos que circulan a toda velocidad. Entre trapos y sábanas, no importa. Nadie quiere hacerlo bajo techo.

LA GENTE DEAMBULA COMO ZOMBIES

Por Isidro Fardales, enviado especial de la Radio Cubana

Haití amanece este viernes con cierta calma entre sus habitantes, aunque prevalecen las imágenes de desamparo por la destrucción que cunde por doquier.

En la mañana, en un pequeño recorrido, vimos miles de personas en las calles: algunos con sus enseres rescatados a cuesta, otros permanecen en las afueras de sus casas, aunque no hayan colapsado, pero pensando -claro está- en su seguridad.

Hablamos con algunos de los pobladores de Puerto Príncipe, uno de ellos nos mostró sus golpeaduras como consecuencia de la caída del techo de su casa. Me dice que volvió a nacer este día del sismo, pues apenas salió con algunos hematomas en los brazos y las piernas y que su familia está a salvo. Esto sucedió en Cabeza de Río, en la zona de Petionville. Me contó que una familia completa de 11 personas pereció entre los escombros

A otro le mencioné que veía mucho movimiento en las calles. Me explico que eso era normal aquí en Puerto Príncipe por la cantidad de habitantes que viene y la flotante que usualmente arriba en busca de trabajo o de qué vivir. Supongo que porque las condiciones fuera de la capital sean menos fáciles, por decirlo de alguna manera.

Empresas del Estado han puesto a funcionar cisternas para suministrar agua. Tambien empresas particulares han ofrecido este servicio gratuitamente, lo que demuestra la gravedad de la catástrofe. Con desenfado los haitianos se bañan en medio de la calle, en plena desnudez, como buscando sacarse todo lo vivido en estos días. Hemos visto igualmente que hay suministro de kerosén para cocinar. Algunos pequeños comerciantes han estado sacando productos a la venta, sobre todo golosinas, alimentos en conserva, que es lo que tienen.

Así transcurre el día. La gente más calmada. Esperando a concluir otra jornada sin más amenaza, aunque algunas pequeñas réplicas se sienten de vez en cuando.

La noche será cerrada nuevamente a partir de las 5 de la tarde, sin esperanza de volver a tener aunque sea unas horas de fluido eléctrico: permanecen los cables reventados y caídos en las calles, las que estarán -como los días anteriores- bloqueadas por una masa humana que pernotará en ellas por temor a que sus moradas resquebrajadas o no por el sismo, se derrumben.

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