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En la historia, tanto a los grupos humanos como a sus clases, han tenido sus momentos de existencias, desarrollos, poderíos y decaimientos y muertes. Un proceso parecido ha vivido y vive la clase trabajadora. Y cuando ese cuerpo es joven y en la fuerza vital del desarrollo, tanto a los ataques exteriores como a los propios por entreguismo, responde creando asociaciones que culminan en sindicatos. Y tan fuertes que le hablan de tu a tú al ladrón social de turno; y además con su paso han ido consiguiendo, no solo un mejor bienestar económico y social para sí mismos, sino para todo el género humano; a tanto que gracias a ellos ha cambiado el medio y el modo de producción radicalmente, hasta prácticamente hoy en día llegar a ser lo que marca la dialéctica respecto al obrero, la negación que así mismo se niega.

Al principio del pasado siglo, tienen su poderío, con la creación de los consejos; pero a la vez inician la transición. Con lo que al ladrón social de turno, le es más fácil de corromper a sus organizaciones. Pero a pesar de soportar a sus organizaciones corruptas, su cuerpo social todavía tiene la suficiente composición y fuerza, como para crear sus propios grupos autónomos y meter al sistema a través de herirlo a muerte, a su descomposición gangrenosa. Pero como el obrero y el patrón, son una unidad de contrarios, en esa descomposición del sistema, a la vez se va descomponiendo como cuerpo social la propia clase trabajadora, con lo que su composición al día de hoy es tan débil, que ya no puede crear por sí misma una autonomía como en el pasado con el suficiente peso, para el cambio cualitativo, aunque su aportación siga siendo importantísima por eso de restar con su erosión, la tasa de crecimiento.

Con lo que la sociedad, ante tal deterioro de supervivencia, se crea sus propias defensas y como se verá, estas ya no son de clases, sino de especialidades; porque las clases prácticamente están muertas. Con lo que nos indica, que las tácticas están en las especialidades. El que las ONGs, también las hayan corrompido, no quita que sea la táctica a seguir, al menos la sociedad de momento no presenta otras.

Con lo que la clase trabajadora que sufre los ERES, debe de esperar muy poco de otros miembros de su propia clase y asociarse ellos mismos como por ejemplo las asociaciones de inquilinos, con sus abogados que más o menos a favor de lo humano y en contra de la barbarie; y por supuesto, para nada ligados a los sindicatos ya que éstos aprueban con sus firma los ERES como igualmente el propio gobierno, por mucho que ambos hagan propaganda en contra. Y de elaborar un manifiesto que reivindiquen que sigan cobrando igual de por vida, con el mismo salario con que se quedaron en el paro. Por supuesto con la agitación propagandística que requiere el caso para incidir en la sociedad. Porque como ya se sabe, la máquina del banco central, no tiene límites en tirar papel-moneda, sino que se lo pregunten a la banca etc.

Estas organizaciones, no sólo deben de quedarse en la propaganda proselitista, sino que cuando toque un ERE y no estén de acuerdo los trabajadores, deberían ir a las puertas de las fábricas y no dejar pasar a nadie, junto con otros grupos de consumidores y con todas sus familias y niños y llevar los medios de comunicación principalmente a la TV, para que la sociedad vea claramente, como los funcionarios de los ladrones sociales, tratan de resolver un problema social y humano.

Como igualmente deben de formarse como colectivos autónomos los parados. Con sus teorías y sus prácticas independientes, elaborados por ellos mismos.
Francisco Fenoy

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